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lunes, 23 de julio de 2012
domingo, 22 de julio de 2012
sábado, 21 de julio de 2012
Jorge Manrique
Coplas
a la muerte de su padre
Un
bello tributo en clave medieval a la figura que representó los valores morales y
éticos a seguir..., un canto de admiración a quien se hace querer y
admirar.
| Jorge Manrique |
(Paredes
de Navas, España, h. 1440 - Castillo de Garcimuñoz, Cuenca, id., 1479) Poeta
castellano autor de las célebres Coplas a la muerte de su padre, máxima creación
de la lírica cortesana del siglo XV y una de las mejores elegías de la
literatura española.
Miembro
de una familia de la nobleza más rancia de Castilla (era hijo de don Rodrigo
Manrique, maestre de la orden de Santiago, y sobrino del poeta Gómez Manrique),
Jorge Manrique compaginó su afición por las letras con la carrera de las armas,
participando junto a su padre en las luchas que precedieron al ascenso de los
Reyes Católicos. Ambos pertenecían a la orden de Santiago, y combatieron del
lado de Isabel la Católica contra los partidarios de Juana la Beltraneja.
Pereció a causa de las heridas recibidas durante al asalto al castillo de
Garcimuñoz, en el feudo del marqués de Villena.
La
poesía de Jorge Manrique se sitúa dentro de la corriente cancioneril del siglo
XV. Su producción poética menor, reunida en un Cancionero, está formada por
medio centenar de composiciones breves, en su mayor parte de tema amoroso, que
siguieron los cánones trovadorescos y cortesanos de finales de la Edad Media.
Más originales son sus piezas burlescas, como las "Coplas a una beoda" o la
titulada "Convite que hizo a su madrastra".
Pero
la celebridad de Jorge Manrique se debe fundamentalmente a las Coplas a la
muerte de su padre, su obra maestra, compuesta a raíz del fallecimiento de don
Rodrigo (1476) y publicada en 1494 en Sevilla con el título Coplas de Jorge
Manrique a la muerte de su padre, el Maestre don Rodrigo. Esta elegía pertenece
a la tradición medieval de la ascética cristiana: contra la mundanidad de la
vida, postula una aceptación serena de la muerte, que es tránsito a la vida
eterna. Sin embargo, apunta ya una idea original que preludia la concepción
renacentista del siglo siguiente: aparte de la vida terrenal y la vida eterna,
Manrique alude a la vida de la fama, a la perduración en este mundo en virtud de
una vida ejemplar que permanece en la memoria de los vivos.
Recuerde el
alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos
lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas
son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
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Let from its dream the soul awaken,
And reason mark with open eyes
The scene unfolding,
How lightly life away is taken,
How cometh Death in stealthy guise,
At last beholding;
And reason mark with open eyes
The scene unfolding,
How lightly life away is taken,
How cometh Death in stealthy guise,
At last beholding;
What swiftness hath the flight of
pleasure
That, once attained, seems nothing more
Than respite cold;
How fain is memory to measure
Each latter day inferior
To those of old.
That, once attained, seems nothing more
Than respite cold;
How fain is memory to measure
Each latter day inferior
To those of old.
Beholding how each instant flies
So swift, that, as we count, 'tis gone
Beyond recover,
Let us resolve to be more wise
Than stake our future lot upon
What soon is over.
So swift, that, as we count, 'tis gone
Beyond recover,
Let us resolve to be more wise
Than stake our future lot upon
What soon is over.
Let none be self-deluding, none,
Imagining some longer stay
For his own treasure
Than what today he sees undone;
For everything must pass away
In equal measure.
Imagining some longer stay
For his own treasure
Than what today he sees undone;
For everything must pass away
In equal measure.
Our lives are fated as the rivers
That gather downward to the sea
We know as Death;
And thither every flood delivers
The pride and pomp of seigniory
That forfeiteth;
Thither, the rivers in their splendor;
Thither, the streams of modest worth,
The rills beside them;
Till there all equal they surrender;
And so with those who toil on earth,
And those who guide them
Thither, the streams of modest worth,
The rills beside them;
Till there all equal they surrender;
And so with those who toil on earth,
And those who guide them
miércoles, 18 de julio de 2012
Pablo Neruda
Soneto
LXVI
Pablo Neruda
A sangre y fuego
in blood and in fire
No te quiero sino porque te quiero
y
de quererte a no quererte llego
y
de esperarte cuando no te espero
pasa
mi corazón del frío al fuego
Te quiero sólo porque a ti te quiero
te
odio sin fin, y odiándote te ruego
y
la medida de mi amor viajero
es
no verte y amarte como un ciego
Tal vez consumirá la luz de Enero
su
rayo cruel, mi corazón entero
robándome
la llave del sosiego
En esta historia sólo yo me muero
y
moriré de amor porque te quiero
porque te quiero, amor, a sangre y
fuego.
I do not love you - except because
I
love you I go from loving to not loving you
from
waiting to not waiting for you
my
heart moves from the cold into the fire
I
love you only because its you I love
I
hate you no end, and hating you bend to you,
and
the measure of my changing love for you
is
that I do not see you but love you blindly
Maybe the January light will consume
my
heart with its cruel
ray,
stealing my key to true calm
In this part of the story I am the one who dies,
the
only one, and I will die of love because I love you
because
I love you, Love, in fire and in blood.
Ilustraciones
de
Talantbek Chekirov
sábado, 14 de julio de 2012
viernes, 13 de julio de 2012
This is different.....Esto es diferente
Watch him play Lonely Boy with his feet.
Verlo jugar a Lonely Boy con sus pies.
jueves, 12 de julio de 2012
Diego Alatriste y Tenorio
No era el hombre más
honesto,
ni el más piadoso,
pero era un hombre valiente.
mientras veía moverse despacio, entre los
fuertes y trincheras
humeantes en la
distancia, frente a Breda, los viejos
escuadrones impasibles,
las picas y las
banderas de la que fue la última y
mejor infantería del mundo,
españoles odiados,
crueles, arrogantes,
solo disciplinados bajo
el fuego,
que todo
lo sufrían en cualquier asalto
pero no sufrían que les
hablaran alto
Con el
tiempo aprendí que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo
malo…,
los peores siempre son aquellos que, se estiman justificados por cualquier Dios.
los peores siempre son aquellos que, se estiman justificados por cualquier Dios.
Y aún resulta peor
cuando se actúa como exégeta de una sola palabra, sea el Talmud, la Biblia, el
Alcorán o cualquier otro escrito o por escribir.
No soy amigo de dar
consejos, mas ahí va uno barato:
Desconfíen de quien es
lector de un sólo libro
Es posible
hablar con extrema dureza de lo que se ama,
precisamente porque se
ama, y con la autoridad moral que nos confiere ese
mismo amor
¿Tanta importancia dais
al valor?
A veces es lo único que
nos queda.
Sobretodo en tiempos
como éstos, cuando hasta las
banderas y el nombre de Dios
sirven
para hacer negocio
No queda sino batirnos.
— ¿Batirnos contra quién, don Francisco de Quevedo?
— Contra la estupidez, la maldad, la superstición, la
envidia y la ignorancia
Que es
como decir contra España, y contra todo
No le pidas clemencia a quien te quita la vida
y no se la quites a quien te la pida
A ese
tiempo infame lo llaman siglo de Oro. Más lo cierto es que, quién lo vivimos
oro vimos poco, y plata la justa.
Sacrificios
estériles, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza,
de eso sí que tuvimos a espuertas.
Lo que pasa es que luego
uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o Calderón,
lee un soneto de don Francisco de Quevedo, y se dice, que tal vez mereció la
pena
Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio
lucho por España y su
rey en los tercios viejos de Flandes
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