sábado, 21 de julio de 2012

Jorge Manrique

Coplas a la muerte de su padre


Un bello tributo en clave medieval a la figura que representó los valores morales y éticos a seguir..., un canto de admiración a quien se hace querer y admirar.



Jorge Manrique



(Paredes de Navas, España, h. 1440 - Castillo de Garcimuñoz, Cuenca, id., 1479) Poeta castellano autor de las célebres Coplas a la muerte de su padre, máxima creación de la lírica cortesana del siglo XV y una de las mejores elegías de la literatura española.


Miembro de una familia de la nobleza más rancia de Castilla (era hijo de don Rodrigo Manrique, maestre de la orden de Santiago, y sobrino del poeta Gómez Manrique), Jorge Manrique compaginó su afición por las letras con la carrera de las armas, participando junto a su padre en las luchas que precedieron al ascenso de los Reyes Católicos. Ambos pertenecían a la orden de Santiago, y combatieron del lado de Isabel la Católica contra los partidarios de Juana la Beltraneja. Pereció a causa de las heridas recibidas durante al asalto al castillo de Garcimuñoz, en el feudo del marqués de Villena.



La poesía de Jorge Manrique se sitúa dentro de la corriente cancioneril del siglo XV. Su producción poética menor, reunida en un Cancionero, está formada por medio centenar de composiciones breves, en su mayor parte de tema amoroso, que siguieron los cánones trovadorescos y cortesanos de finales de la Edad Media. Más originales son sus piezas burlescas, como las "Coplas a una beoda" o la titulada "Convite que hizo a su madrastra".



Pero la celebridad de Jorge Manrique se debe fundamentalmente a las Coplas a la muerte de su padre, su obra maestra, compuesta a raíz del fallecimiento de don Rodrigo (1476) y publicada en 1494 en Sevilla con el título Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre, el Maestre don Rodrigo. Esta elegía pertenece a la tradición medieval de la ascética cristiana: contra la mundanidad de la vida, postula una aceptación serena de la muerte, que es tránsito a la vida eterna. Sin embargo, apunta ya una idea original que preludia la concepción renacentista del siglo siguiente: aparte de la vida terrenal y la vida eterna, Manrique alude a la vida de la fama, a la perduración en este mundo en virtud de una vida ejemplar que permanece en la memoria de los vivos.




  Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando,

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado

fue mejor.



  Pues si vemos lo presente

cómo en un punto se es ido

y acabado,

si juzgamos sabiamente,

daremos lo no venido

por pasado.

No se engañe nadie, no,

pensando que ha de durar

lo que espera,

más que duró lo que vio

porque todo ha de pasar

por tal manera.



  Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar y consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

y más chicos,

y llegados, son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos.

 
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Let from its dream the soul awaken,
And reason mark with open eyes
The scene unfolding,
How lightly life away is taken,
How cometh Death in stealthy guise,
At last beholding;

What swiftness hath the flight of pleasure
That, once attained, seems nothing more
Than respite cold;
How fain is memory to measure
Each latter day inferior
To those of old.



Beholding how each instant flies
So swift, that, as we count, 'tis gone
Beyond recover,
Let us resolve to be more wise
Than stake our future lot upon
What soon is over.

Let none be self-deluding, none,
Imagining some longer stay
For his own treasure
Than what today he sees undone;
For everything must pass away
In equal measure.


Our lives are fated as the rivers
That gather downward to the sea
We know as Death;
And thither every flood delivers
The pride and pomp of seigniory
That forfeiteth;

Thither, the rivers in their splendor;
Thither, the streams of modest worth,
The rills beside them;
Till there all equal they surrender;
And so with those who toil on earth,
And those who guide them

miércoles, 18 de julio de 2012

Pablo Neruda

Soneto LXVI


Pablo Neruda
A sangre y fuego
in blood and in fire
















 No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego

Te quiero sólo porque a ti te quiero
te odio sin fin, y odiándote te ruego
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego

Tal vez consumirá la luz de Enero
su rayo cruel, mi corazón entero
robándome la llave del sosiego

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.




I do not love you - except because
I love you I go from loving to not loving you
from waiting to not waiting for you
my heart moves from the cold into the fire

I love you only because its you I love
I hate you no end, and hating you bend to you,
and the measure of my changing love for you
is that I do not see you but love you blindly

Maybe the January light will consume
my heart with its cruel
ray, stealing my key to true calm

In this part of the story I am the one who dies,
the only one, and I will die of love because I love you
because I love you, Love, in fire and in blood.



Ilustraciones de

Talantbek Chekirov


Venice in a Day

http://vimeo.com/40977797

Our Story In 2 Minutes


El lobo...

http://www.youtube.com/watch_popup?v=7bXtPlNy1kc&feature=digest_refresh_thu

jueves, 12 de julio de 2012

Diego Alatriste y Tenorio


No era el hombre más honesto,
ni el más piadoso,
pero era un hombre valiente.



Me pareció escuchar de nuevo el tambor
mientras veía moverse despacio, entre los
fuertes y trincheras humeantes en la
distancia, frente a Breda, los viejos
escuadrones impasibles, las picas y las
banderas de la que fue la última y
mejor infantería del mundo,

españoles odiados, crueles, arrogantes,
solo disciplinados bajo el fuego,
que todo lo sufrían en cualquier asalto
pero no sufrían que les hablaran alto

Con el tiempo aprendí que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo…,
los peores siempre son aquellos que, se estiman justificados por cualquier Dios.
 
Y aún resulta peor cuando se actúa como exégeta de una sola palabra, sea el Talmud, la Biblia, el Alcorán o cualquier otro escrito o por escribir.
No soy amigo de dar consejos, mas ahí va uno barato:
Desconfíen de quien es lector de un sólo libro









Es posible hablar con extrema dureza de lo que se ama,






precisamente porque se ama, y con la autoridad moral que nos confiere ese mismo amor






 
¿Tanta importancia dais al valor?
A veces es lo único que nos queda.



Sobretodo en tiempos como éstos, cuando hasta las banderas y el nombre de Dios
sirven para hacer negocio






No queda sino batirnos.

— ¿Batirnos contra quién, don Francisco de Quevedo?

— Contra la estupidez, la maldad, la superstición, la envidia y la ignorancia 

Que es como decir contra España, y contra todo
No le pidas clemencia a quien te quita la vida
 y no se la quites a quien te la pida




A ese tiempo infame lo llaman siglo de Oro. Más lo cierto es que, quién lo vivimos oro vimos poco, y plata la justa.
Sacrificios estériles, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tuvimos a espuertas.
Lo que pasa es que luego uno va y mira un cuadro de Diego Velázquez, oye unos versos de Lope o Calderón, lee un soneto de don Francisco de Quevedo, y se dice, que tal vez mereció la pena




Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio
lucho por España y su rey en los tercios viejos de Flandes